Entrevista realizada por Nick J. Swarth
Naciste en 1973. La revolución nicaragüense tuvo lugar en 1979. ¿De niño te dabas cuenta de la revolución? ¿Cómo?
Los ojos de un niño todo lo ven con asombro. Las victorias de los pueblos muchas veces son las derrotas de los individuos.
La historia reciente, el pasado reciente de tu país (o sea la revolución) ¿te ha formado en alguna manera? Explica, por favor.
Yo soy de una generación que creció bajo tres contextos, y creo que todos nos marcaron, bajo la dictadura somocista, luego bajo la revolución y después la apertura de Nicaragua al mundo globalizado. Durante los años ochenta vivimos bajo una burbuja, solo quienes estaban cercanos al poder podían acceder a los cambios y transformaciones que sucedían en el mundo. La revolución nos marcó a todos de forma positiva o negativa. No se puede ver al pasado con rencor o con fascinación. La nostalgia es peligrosa cuando nos pone ciegos. Yo creo que los pueblos tienden a repetir los errores. Yo trato de ver hacia mi presente y hacia delante. Mi poesía, mi interés por la literatura se lo debo a la revolución. La poesía hizo la revolución en Nicaragua.
Vienes de un país donde durante una época la literatura tenía un alto grado de implicación política, un compromiso social, con escritores como Cardenal, Sergio Ramírez y Omar Cabezas. ¿Te sientes próximo o unido con esta generación de escritores?
La poesía que yo escribo es muy próxima a los postulados que promovía y masificó a través de los talleres de Poesía, Ernesto Cardenal, quien era entonces el ministro de cultura de la revolución sandinista. La diferencia es que yo escribo con un compromiso social bajo otro contexto y no escribo loas ni alabanzas a ninguna revolución. Talvez estoy haciendo mi propia revolución, en mi y para mi. Mi poesía es de denuncia social. Yo al igual que ellos me he nutrido de la buena poesía norteamericana, aunque nunca estudié ni he estado en Estados Unidos como ellos.
¿Cómo es la situación ahora? ¿La literatura nicaragüense todavía tiene una implicación política?
Hay un regreso a la metáfora y al lenguaje rebuscado. Actualmente hay muy buenos poetas jóvenes, jovencísimos como Martín Mulligan, Eunice Shade y Hanzel Lacayo. Yo creo que Nicaragua tiene buena poesía para rato. Estos chavalos son una buena muestra de ello. Y es sorprendente que en un mundo donde los jóvenes están sumergidos en el mundo de los juegos virtuales, el fashion, la violencia callejera, estos chavalos están escribiendo poesía.
En una entrevista dijiste: “No estamos renovando la forma, pero sí estamos cambiando la temática. ¿Qué quisiste decir con esto?
Yo pertenezco a la primera generación que surgió de las aulas universitarias luego del fin de la revolución sandinista y el cambio hacia otro modelo de gobierno y política. Ya en los 80 fue significativo que las voces de las mujeres irrumpieron en la literatura nicaragüense con voces tan fuertes como Gioconda Belli y Daysi Zamora, luego en los noventa entramos con temas más atrevidos como la homosexualidad, las identidades sexuales y el lesbianismo. Nunca se habían abordado estos temas de esa forma, y yo extrañé poemas escritos por hombres dirigidos a otros hombres. Yo quiero darle una voz a los homosexuales en la poesía nicaragüense. France Daly es nuestro poeta más gay debo decir, y el más atrevido. Pero ha tenido que emigrar como muchos otros poetas, en su caso por la dificultad de ser gay en un país machista y homofóbico como Nicaragua.
¿Cómo escribes un poema? Es cuestión de inspiración, de vena poética, o es más como un proceso asociativo, por vía de asociación de ideas? O andas mucho pensando, exprimiéndote la mollera, rompiéndote el coco, apuntando palabras, frases, ideas, ocurrencias? ¿O tal vez sea una mezcla de esas cosas?
Para mi la poesía es un oficio al cual se llega por una decisión conciente, un talento y un gusto que hay que cultivar con disciplina, trabajo y mucha lectura. Como te decía la poesía es un oficio, yo escojo un tema, que normalmente es un tema social, luego planifico su escritura, el lenguaje que voy a utilizar, la forma en que lo voy a colocar en el papel, todo es un acto consciente y planificado. Yo no me siento a esperar la inspiración. Aunque sí he escrito poemas por inspiración y conozco que hay poetas que escriben por inspiración. Pero la poesía en mi caso es un trabajo de orfebre, no un crimen perfecto como Carlos Martínez Rivas pero sí un producto acabado como el de un artesano de la palabra. Ahora también pienso el poema pensando en el conjunto, en el libro que va a componer el poema, respetando su individualidad y su vida propia. Pero creo que no hay una sola manera, cada poema tiene su propia forma de llegar, en mi caso yo prefiero ir a buscarlo.
Eres homosexual y no lo ocultas. En la literatura española (hispanohablante) ya encontramos homosexualidad como tema en Federico García Lorca. Pero, según parece, no lo reconoció públicamente antes del final de su vida, por ejemplo en Poeta en Nueva York, cuando estaba lejos de su patria (España) y poco antes de su muerte prematura, por ejemplo en el poema Oda a Walt Whitman. ¿Conoces su obra? ¿Te sientes próximo con Lorca y con su obra?
De la generación del 27 y en cuanto a ese tema yo prefiero a Luis Cernuda. Para aquellos años sus textos abiertamente homoeroticos desafiaban la moral conservadora española de la época. Él defendió su homosexualidad. Por eso tuvo que emigrar también hacia México, donde vivió sus últimos días y donde disfrutó de los placeres tropicales. Sus textos son un legado importante para la historia gay en el mundo.
En cuanto a Lorca, hablando de su obra, ¿ Crees que su homosexualidad es parte de la discusión, del debate?
Si eres homosexual y te reconocés como tal y has sufrido como tal, tus ojos verán todo con los ojos de tu historia, de tu vivencia. No puedo ver mi vida con los ojos de un negro o de un indígena o de un hombre blanco y heterosexual. Todo lo que salga de mis manos y mi pensamiento estará permeado por las vivencias que he tenido como ser humano. Se han hecho muchos estudios sobre lo gay en la poesía de Lorca, como García Lorca o la imaginación Gay de Paul Binding. Para otro homosexual es evidente el feeling y la sensibilidad gay cuando nos acercamos por vez primera o cada vez más a su textos. Pero Lorca más que gay es universal y ese aspecto es algo que se ha venido a agregar, y de forma polémica, en los últimos años de emancipación homosexual en España y el mundo.
¿Hay otros/as poetas o escritores/as gay en Latinoamérica que tendríamos que conocer?
Creo que hay muchos, pero abiertamente no lo sé, sé de Salvador Novo, por ejemplo.
En una entrevista dijiste que no conociste otros poetas homosexuales jóvenes. ¿Todavía no conoces a ninguno?
Hay otros poetas homosexuales y entre los jóvenes también, claro, pero por diversas razones no tienen la homosexualidad como tema de trabajo.
En Nicaragua y muchos otros países latinoamericanos la cultura tiene una fuerte carga de machismo y homofobia. ¿Cómo se vive la homosexualidad en Nicaragua hoy en día?
En Nicaragua existe una ley que penaliza y castiga las relaciones entre personas del mismo sexo. La leyes son el reflejo de la cultura y los valores de un pueblo. La discriminación se da en todos los niveles, en el ámbito familiar, en el institucional o educativo y de salud, en la cultura y por supuesto en la religión.
Si todavía no es algo que se tolera, hay maneras en que se puede vivir como gay? Explica por favor.
Si eres muy gay y es obvio podés ser estilista o bailarín o travestí y prostituirte para sobrevivir, porque si sos muy obvio no conseguís trabajo. Los que no somos obvios vivimos escondidos. Nos damos a conocer en entornos pequeños como amigos y hermanos. Pero si llegás a encontrar una pareja estable la cosa se vuelve más difícil y hasta peligrosa. Eso rompe con los paradigmas tradicionales como el matrimonio heterosexual que es una institución que asegura la reproducción de los valores cristianos.
Dijiste en una entrevista: “La poesía es un instrumento de autoconocimiento. Escribir es como explorar, explicarte cosas”. ¿Eres el tipo de poeta que está buscando la verdad? Si eres, explícalo por favor, Si no, puedes decirnos qué estas buscando?
Yo escribo porque es lo más decente y humano que encuentro para hacer. Es lo que puedo hacer y lo que me gusta hacer. Para mi es tan importante el proceso de escritura como el proceso de lectura frente a un público. Porque la poesía es esencialmente comunicación. No estoy buscando la verdad, ya está demostrado que la verdad no existe. En nombre de la verdad se ha matado a muchos. Con mi poesía no busco nada más que comunicarme en la manera que sé hacerlo, la poesía.
Dijiste en una entrevista que te parece muy difícil generar satisfacción en tu vida personal. Dijiste: Yo escribo como último recurso. ¿Todavía vale lo que dijiste? Y si es asi, puedes explicar que significa, qué quieres decir?
Cuando no he encontrado trabajo o ha faltado el amor y el pan en mi vida ahí ha estado la poesía, la mía y la de otros. Siempre hay un lápiz y un papel a mano para no estar solo.
¿Para ti, escribir o la literatura es como una isla al que escapas o en la que te refugias)?
Trato de que la poesía no se convierta para mi en una vía de escape, para eso están las drogas. Para mí es un oficio que cultivo cada día de 7 a 11 de la mañana, porque no puedo dedicarle más tiempo. También tengo que comer, porque los poetas también comemos.
En la misma entrevista dijiste: Siento que lo que hago me genera más vacío que satisfacción. ¿Esto todavía vale? Si vale, por favor explícanoslo. Si no, puedes contarnos que ha cambiado?
Es difícil explicar lo que uno dijo con anterioridad porque el mundo es cambiante, uno cambia de opiniones y eso es normal. Eso es algo que ha cambiado en parte, muchas veces el poema me genera mucha insatisfacción en el proceso, mucho vacío que tengo que llenar con lectura e investigación. Pero al final hay un momento que quedás satisfecho y no te aguantás en vos mismo.
En cuanto a escribir: ¿Qué son tus planes para el futuro próximo? ¿Algunas publicaciones futuras?
Es difícil hablar de planes. Tengo muchos libros inéditos, apenas he publicado dos libros de poesía, y ya he escrito otro de poesía y tengo otro de cuentos eróticos y un libro que reúne mis artículos de opinión que he publicado en medios de Nicaragua, intervenciones públicas que he hecho con mis textos de opinión. Los planes son seguir escribiendo y nutriéndome de las lecturas de los grandes y los desconocidos. Me mantengo muy atento a lo que están haciendo los jóvenes. Lo asuman o no, en sus hombros siempre ha estado el mundo y sus cambios.
Tilburg, Netherlands, august 2006
sábado 23 de mayo de 2009
domingo 10 de mayo de 2009
Una Revolución después
Al andar por cualquier calle de Nicaragua, es tìpico encontrarse con pequeños y grandes monumentos, algunos representan la muerte de un sòlo individuo: “A la compañera Adilia Dìaz…” Otros la muerte colectiva: “Aquì cayeron los hermanos…” a continuación se presenta una larga lista de nombres. Nombres comunes, de pequeños seres, que no dicen nada a simple vista, porque son nombres salidos del pueblo. Individuos que con un solo gesto de valentía salieron del anonimato inmortalilzándose así para siempre.
Las calles de Monimbó, pueblo indígena en Masaya, cuentan mucho. En cada cuadra, en cada esquina hay frías placas en silenciosos monumentos, que indican el año de nacimiento y muerte de mártires, la mayoría jóvenes. Dichas muertes y placas oscilan entre 1978 y 1979, los años más cruentos de la Revolución Popular Sandinista. Una de las últimas revoluciones armadas en Latinoamérica y cuyo ingrediente principal fue el mismo pueblo. Monimbó unido, fue uno de los primeros pueblos de Nicaragua en rebelarse. Sufridos pobladores que se armaron con machetes, palos, utensilios de cocina y piedras recolectadas en el camino. Su grito insurreccional se escuchó en todos los rincones del país dando lugar así a una onda expansiva que se hizo una sola masa en un lapso de tiempo muy corto y cuya entonación era contra el despotismo y la opresión. Hasta que finalmente, cuando ya era incontenible el poder del pueblo, estalló aquel histórico día 19 de julio de 1979. En fotos e imágenes de la época se ve una plaza atestada de gente desheredada, familiares de caídos y guerrilleros maltrechos, todos con una sonrisa de júbilo. Parecen emerger de un solo cuerpo con su cabeza bañada por un cielo rojinegro. Al fondo el sonido de unas campanas que se transmutan en una voz que dice: ¡Aquì Nicaragua libre!
No es un misterio que la revolución del 79 fue más allá de una mera vuelta (de ahì su nombre) a la reivindicación de los derechos universales del hombre y por ende del pueblo. Cambió la noción de vida en cada uno de los individuos que participaron en ella, y a la generación venidera. Además de presentar a Nicaragua con un rostro diferente ante la América continental y luego al mundo.
Treinta años después, la Nicaragua tumultuosa y cambiante ha entrado en un nuevo siglo, una nueva época a la que acertadamente no se le pueden llamar tecnológica y que en efecto es un perìodo de enorme desarrollo tanto social como económico. Treinta años y los padres, hijos, esposas, hermanos, amigos, etc, etc, suspiran de nostalgia cada vez que transitan por la calle donde esta el nombre de su ser querido inmortalizado en una placa, encima de la cual ahora se agrupan jóvenes veinteañeros a hablar de musica actual y últimos adelantos tecnológicos. No dispuestos a desperdiciar sus comodidades en “una simple aventura o “revolución perdida”, como a la que se lanzò el veinteañero del monumento donde ellos ahora se sientan.
Con el pasar de los años (treinta años es solo un suspiro, si se compara con el largo existir de la historia universal) la memoria histórica y revolucionaria ha ido desprendiéndose de su origen para el beneficio de unos cuantos que se apoderaron de ella y hasta la patentaron. El verdadero testimonio lo tienen esos hombres y mujeres de carne y hueso que no son citados por los intereses mediáticos y que solo podrán dormir y descansar en paz en la claridad de aquel sueño que ellos mismos encendieron.
Miguel Mercado Centeno, 1984Masaya, tercer mes de 2009
Las calles de Monimbó, pueblo indígena en Masaya, cuentan mucho. En cada cuadra, en cada esquina hay frías placas en silenciosos monumentos, que indican el año de nacimiento y muerte de mártires, la mayoría jóvenes. Dichas muertes y placas oscilan entre 1978 y 1979, los años más cruentos de la Revolución Popular Sandinista. Una de las últimas revoluciones armadas en Latinoamérica y cuyo ingrediente principal fue el mismo pueblo. Monimbó unido, fue uno de los primeros pueblos de Nicaragua en rebelarse. Sufridos pobladores que se armaron con machetes, palos, utensilios de cocina y piedras recolectadas en el camino. Su grito insurreccional se escuchó en todos los rincones del país dando lugar así a una onda expansiva que se hizo una sola masa en un lapso de tiempo muy corto y cuya entonación era contra el despotismo y la opresión. Hasta que finalmente, cuando ya era incontenible el poder del pueblo, estalló aquel histórico día 19 de julio de 1979. En fotos e imágenes de la época se ve una plaza atestada de gente desheredada, familiares de caídos y guerrilleros maltrechos, todos con una sonrisa de júbilo. Parecen emerger de un solo cuerpo con su cabeza bañada por un cielo rojinegro. Al fondo el sonido de unas campanas que se transmutan en una voz que dice: ¡Aquì Nicaragua libre!
No es un misterio que la revolución del 79 fue más allá de una mera vuelta (de ahì su nombre) a la reivindicación de los derechos universales del hombre y por ende del pueblo. Cambió la noción de vida en cada uno de los individuos que participaron en ella, y a la generación venidera. Además de presentar a Nicaragua con un rostro diferente ante la América continental y luego al mundo.
Treinta años después, la Nicaragua tumultuosa y cambiante ha entrado en un nuevo siglo, una nueva época a la que acertadamente no se le pueden llamar tecnológica y que en efecto es un perìodo de enorme desarrollo tanto social como económico. Treinta años y los padres, hijos, esposas, hermanos, amigos, etc, etc, suspiran de nostalgia cada vez que transitan por la calle donde esta el nombre de su ser querido inmortalizado en una placa, encima de la cual ahora se agrupan jóvenes veinteañeros a hablar de musica actual y últimos adelantos tecnológicos. No dispuestos a desperdiciar sus comodidades en “una simple aventura o “revolución perdida”, como a la que se lanzò el veinteañero del monumento donde ellos ahora se sientan.
Con el pasar de los años (treinta años es solo un suspiro, si se compara con el largo existir de la historia universal) la memoria histórica y revolucionaria ha ido desprendiéndose de su origen para el beneficio de unos cuantos que se apoderaron de ella y hasta la patentaron. El verdadero testimonio lo tienen esos hombres y mujeres de carne y hueso que no son citados por los intereses mediáticos y que solo podrán dormir y descansar en paz en la claridad de aquel sueño que ellos mismos encendieron.
Miguel Mercado Centeno, 1984Masaya, tercer mes de 2009
lunes 30 de marzo de 2009
martes 20 de enero de 2009
El Ladrón de los Mangos
Las cosas del mundo tienen su encanto y ejercen un poder sobre nuestros sentidos. Cuenta San Agustín, en sus intensas Confesiones, que una vez, al lado de una granja, había un peral cargado de frutas. Bien entrada la noche, él, en compañía de un grupo de muchachos, fueron a sacudir el árbol y se llevaron las peras. Saquearon una gran cantidad de peras, y aunque probaron algunas, lo principal no fue saborearlas, sino botárselas a los chanchos, y darse el gusto de hacer lo que estaba prohibido.
Ante un robo, cuando somos la víctima nos lamentamos por lo perdido y casi nunca nos preguntamos el porqué del hurto, qué lleva a aquel hombre o grupo a semejante atraco, y nos enfocamos en un deseo de justicia para resarcirnos por los daños y reponer aquello perdido, a través de una lección al victimario. Cuando somos el ladrón nuestro objetivo, más que satisfacer una necesidad, es cómo hacerlo de tal manera que sea menos visible y cómo hacer para sentirnos menos culpables.
Caben muchos motivos para cometer un robo, la necesidad de darle de comer a unos hijos hambrientos y una esposa inhábil, o por codiciar una hacienda y grandes extensiones de tierra y posesiones, o simplemente para comer o por miedo a la pobreza, o por venganza debido a una mala pasada o a una traición o por sentirnos estafados en otra ocasión y no soportamos el agravio y juramos vengarnos despojando de algo valioso a nuestra víctima; o dándole más vueltas, muchos lo haríamos para librarnos del miedo a la ley, de los problemas de la vida debido a la falta de recursos y para quitarnos de la conciencia la culpa sobre nuestros propios crímenes, es así que los justificamos a través de los motivos que nos llevan a cometerlos, y nos sentimos más buenos si robamos en nombre de los otros, para dar a los otros, por ejemplo. En otros casos, el robo no se debe a razón alguna, sino simplemente para no perder la costumbre.
Pero, para el verdadero ladrón, el robo es una forma de entrenar su lado criminal, para que, una vez obtenido el mando de la ciudad, proceder a la conquista de honores, poder y riquezas. En Nicaragua conocemos bien a este tipo de ladrón. Este no soporta a otro ladrón. Cree que todo el mundo roba. Eso le aterra y le alivia. Primero porque teme que otros roben más que él y quedarse a la larga sin nada más que saquear y así poner en riesgo lo que ya tiene; y segundo porque el hecho que otros roben o la idea de que otros roban, le permite gritar y vociferar denunciando y acusando a otros de fraude y robo. Eso alivia su conciencia, hace que se olviden sus fechorías y de alguna manera cree que elimina la competencia.
El ladrón es paranoico. Cree que todo el mundo quiere robarle, por eso se complace y sonríe cuando denuncia a otros de robo. Ningún ladrón soporta la presencia de otro ladrón. El rico no tolera la miseria. Es como una amenaza a su estatus y un recuerdo vivo de su origen o su posible destino.
El verdadero ladrón nunca actúa solo. Estando solo no lo haría, hay una disposición anímica y un impulso externo. Entonces, al ladrón también le gusta el grupo de amigos en cuya complicidad comete el robo o delito y es así mismo también que necesita compartir su culpa, eso le da la idea de ser menos culpable. Entonces el placer del ladrón no se encuentra en lo que roba, sino en la maldad misma y en la complicidad de sus compañeros en cuya compañía peca y eso le hace sentir que es normal lo que hace, porque todos lo hacen, eso le hace sentir menos ladrón y porque de alguna manera, en la voz popular se tiene como valor, que quien teniendo oportunidad y no roba, es tonto, y es así, que el ladrón llega a sentir vergüenza de no ser un sinvergüenza. Por que es la norma en el lugar donde se encuentra.
Todas las religiones condenan y castigan el robo. San Agustín, como él dice en sus Confesiones, no fue obligado por la necesidad, pues robó precisamente aquello que ya tenía en abundancia y aún de mejor calidad. Ni siquiera pretendía disfrutar de lo robado, sino del robo en sí mismo, del pecado del robo, por carecer de espíritu de justicia y por un exceso de maldad: SER MALO SIN NADA A CAMBIO, las motivaciones de su maldad eran la maldad misma. El robo es una imitación perversa y viciosa de Dios.
La vida en el mundo tiene su encanto, éste viene de su propia gracia y de la armonía de la totalidad de las pequeñas cosas.
Managua, Enero 2009
Ante un robo, cuando somos la víctima nos lamentamos por lo perdido y casi nunca nos preguntamos el porqué del hurto, qué lleva a aquel hombre o grupo a semejante atraco, y nos enfocamos en un deseo de justicia para resarcirnos por los daños y reponer aquello perdido, a través de una lección al victimario. Cuando somos el ladrón nuestro objetivo, más que satisfacer una necesidad, es cómo hacerlo de tal manera que sea menos visible y cómo hacer para sentirnos menos culpables.
Caben muchos motivos para cometer un robo, la necesidad de darle de comer a unos hijos hambrientos y una esposa inhábil, o por codiciar una hacienda y grandes extensiones de tierra y posesiones, o simplemente para comer o por miedo a la pobreza, o por venganza debido a una mala pasada o a una traición o por sentirnos estafados en otra ocasión y no soportamos el agravio y juramos vengarnos despojando de algo valioso a nuestra víctima; o dándole más vueltas, muchos lo haríamos para librarnos del miedo a la ley, de los problemas de la vida debido a la falta de recursos y para quitarnos de la conciencia la culpa sobre nuestros propios crímenes, es así que los justificamos a través de los motivos que nos llevan a cometerlos, y nos sentimos más buenos si robamos en nombre de los otros, para dar a los otros, por ejemplo. En otros casos, el robo no se debe a razón alguna, sino simplemente para no perder la costumbre.
Pero, para el verdadero ladrón, el robo es una forma de entrenar su lado criminal, para que, una vez obtenido el mando de la ciudad, proceder a la conquista de honores, poder y riquezas. En Nicaragua conocemos bien a este tipo de ladrón. Este no soporta a otro ladrón. Cree que todo el mundo roba. Eso le aterra y le alivia. Primero porque teme que otros roben más que él y quedarse a la larga sin nada más que saquear y así poner en riesgo lo que ya tiene; y segundo porque el hecho que otros roben o la idea de que otros roban, le permite gritar y vociferar denunciando y acusando a otros de fraude y robo. Eso alivia su conciencia, hace que se olviden sus fechorías y de alguna manera cree que elimina la competencia.
El ladrón es paranoico. Cree que todo el mundo quiere robarle, por eso se complace y sonríe cuando denuncia a otros de robo. Ningún ladrón soporta la presencia de otro ladrón. El rico no tolera la miseria. Es como una amenaza a su estatus y un recuerdo vivo de su origen o su posible destino.
El verdadero ladrón nunca actúa solo. Estando solo no lo haría, hay una disposición anímica y un impulso externo. Entonces, al ladrón también le gusta el grupo de amigos en cuya complicidad comete el robo o delito y es así mismo también que necesita compartir su culpa, eso le da la idea de ser menos culpable. Entonces el placer del ladrón no se encuentra en lo que roba, sino en la maldad misma y en la complicidad de sus compañeros en cuya compañía peca y eso le hace sentir que es normal lo que hace, porque todos lo hacen, eso le hace sentir menos ladrón y porque de alguna manera, en la voz popular se tiene como valor, que quien teniendo oportunidad y no roba, es tonto, y es así, que el ladrón llega a sentir vergüenza de no ser un sinvergüenza. Por que es la norma en el lugar donde se encuentra.
Todas las religiones condenan y castigan el robo. San Agustín, como él dice en sus Confesiones, no fue obligado por la necesidad, pues robó precisamente aquello que ya tenía en abundancia y aún de mejor calidad. Ni siquiera pretendía disfrutar de lo robado, sino del robo en sí mismo, del pecado del robo, por carecer de espíritu de justicia y por un exceso de maldad: SER MALO SIN NADA A CAMBIO, las motivaciones de su maldad eran la maldad misma. El robo es una imitación perversa y viciosa de Dios.
La vida en el mundo tiene su encanto, éste viene de su propia gracia y de la armonía de la totalidad de las pequeñas cosas.
Managua, Enero 2009
lunes 15 de diciembre de 2008
“Yo no le tengo miedo a Sergio Ramírez,
Intenciones Ocultas de una Burda Polémica
Sólo Dios ve el panorama completo de las cosas que suceden. A inicios de este año se comunicó con el Instituto Nicaragüense de Cultura, la Señora Teresa Chicharro de Editorial Santillana del Diario El País, con el propósito de solicitar apoyo en la búsqueda de los herederos de los derechos de la obra del poeta CMR y se nos informó del proyecto de inclusión de la obra de CMR en una colección de poesía de grandes autores hispanoamericanos que sería editada para salir a la venta en forma de bolsillo acompañando al diario El País, en toda España. Nos pareció un proyecto muy importante de difusión de un autor nicaragüense, a pesar de que por 15 mil ejemplares, ellos ganarían 90 mil euros y de esa cantidad sólo nos aportarían 3 600 en concepto de derechos de autor al Instituto Nicaragüense de Cultura, quien tiene los derechos de autor de la obra del poeta, cedidos por la familia del poeta al INC durante la gestión del Sr. Napoleón Chow.
Sin embargo, dada la magnitud de difusión de la obra del poeta que se haría en toda España y debido a que no vendrían nada mal 3600 euros, por la falta de recursos que padecemos en el INC, y cuyo dinero utilizaríamos para restaurar la tumba del poeta CMR que se encuentra en completo abandono en el cementerio de Granada, pues nos propusimos colaborar cediendo los derechos para esta edición. Sin embargo, siempre nos cuidamos de que en el contrato quedara reflejado que teníamos la última palabra en cuanto a cuidar y velar por el respeto de la integridad de la obra de CMR y de la memoria del poeta.
No se puede perder lo que nunca se ha tenido. La disposición de cancelar la supuesta publicación de la obra de CMR en España vino del Gerente de Recursos del Diario El País, Julio Alonso Peña, y no del Instituto Nicaragüense de Cultura. Esta decisión fue ante nuestra propuesta y sugerencia de que fuera otro autor, no quien ellos pretendían imponernos, quien hiciera el prólogo, o de retomar la idea original de que fuera un autor español. Para eso sugerimos al poeta español Luís Antonio de Villena, quien conoció al poeta CMR y cuenta del impacto que tuvo en una generación de autores españoles, la estancia de Carlos Martínez Rivas por España.
Originalmente se nos informó que sería un autor español quien haría el prólogo y presentación del poeta nicaragüense al público español. Lo que nos pareció lógico, que un poeta hiciera el prólogo y presentación de otro poeta. Pero luego guardaron silencio, ahora sabemos que era para urdir su estrategia. Cuando retomamos la comunicación, ya ellos habían cambiado todo el proyecto y venían imponiendo al escritor y político, ex vicepresidente de Nicaragua en los años 80, Sergio Ramírez, como prologuista del libro. Se nos quiso imponer la lectura del infame texto. Nosotros reconocemos a Sergio Ramírez como un gran novelista y así se lo expresamos a nuestros interlocutores de Editorial Santillana, a la Sra. Teresa Chicharro, y nunca dudé de la calidad del texto, a pesar de no haberlo leído pues reconozco la calidad literaria del Sr. Sergio Ramírez, pero no era un poeta y preferíamos que fuera un poeta y en especial un poeta conocedor de la obra de CMR quien hiciera el prólogo y la presentación, y por supuesto que a quien propusimos fue al poeta Pablo Centeno, quien ha dedicado su vida a la obra del poeta CMR como todos sabemos.
Todo esto contraviniendo la voluntad expresa del poeta Martínez Rivas, quien pidió que lo olvidáramos, cuando antes de morir se le preguntó cómo quería ser recordado. Y así ha sido en estos años, su tumba está en completo abandono, la placa que puso la UNAN con su nombre ya se borró, y yo tengo meses de andar con un proyecto de realizar un monumento donde se distinga su nombre y la población sepa dónde está enterrado el gran poeta. Pero nadie me ha hecho caso, y es hoy que manosean la memoria del poeta, sin saber en qué estado se encuentra su tumba.
En Nicaragua, la mayoría de novelistas se hacen novelistas porque no logran ser buenos poetas. En el caso del novelista Sergio Ramírez sabemos que es así, primero intentó ser poeta. Luego cuentista y después político. Fracasó como político y se hizo novelista, y fue ahí que tuvo mucho éxito. Pero vemos que ahora hace una mezcla de literatura y política. Entonces fuimos testigos de la trama de un gran novelista y del imperio económico de los vendedores de libros. Muestra de eso es que se ha convertido en un personaje de su propia imaginación, un perseguido político, que sueña con que se prohíban sus libros y hasta llega a compararse con el pueblo judío, el pueblo de Dios. Cuánto sacrilegio con la memoria de nuestros muertos.
Sabemos que esta persona es un gran novelista, uno de nuestros mejores novelistas, prueba de eso es esta trama muy bien armada cuyo escándalo coincide precisamente con la Feria Internacional del Libro en Guadalajara cuando estaban reunidos un club de escritores de la tercera edad, ya seniles y que resienten que el tren del progreso ya no les haya alcanzado. Quienes no han permitido que una nueva generación de escritores logre acceder a contratos editoriales y promoción de sus obras y premios. Esta generación del boom tiene ocupados aún todos los espacios, aunque ya han pasado muchas generaciones de autores que han dejado atrás esa literatura que nos presenta como artesanías exóticas de exportación al primer mundo.
Nunca hubo la intención de publicar a CMR, sí hubo la intención de armar una polémica internacional que relanzara como víctima de una dictadura represiva al escritor que fue vicepresidente cuando en Nicaragua sí existió represión. Cuando yo pude haber muerto como murieron nuestros hermanos en la montaña y a quienes no veremos más. Como tuvieron que irse todos nuestros hermanos y primos huyendo de nuestro país. Él es responsable de esa dictadura. Junto a Ernesto Cardenal y Gioconda Belli, ellos fueron los ideólogos principales de esa época.
Otro objetivo claro de esta burda polémica que han aprovechado los enemigos verdaderos de la cultura, porque no han hecho nada ni por los jóvenes ni por los artistas, es atacar y desprestigiar todo lo que estamos haciendo en materia de cultura, lo que hacemos con mucho esfuerzo y sin recursos. Sólo con la voluntad y el amor de quienes nos apoyan. Es por eso que hemos hecho en dos años mucho más de lo que se hizo en materia cultural en 16 años de abandono de la cultura y donde se volvió la cultura un artículo de lujo, estamos tratando de recuperar la cultura para devolvérsela al pueblo.
Todo lo literario es político. No hay vuelta de hoja. Todo lo literario es político. Pero no todo lo político es literario. Lo primero porque todo lo que escribimos, lo escribimos en sociedad, es decir, porque vivimos en comunidad. En la ciudad. Donde nos realizamos como seres sociales con derechos y ciudadanía. Porque quienes escribimos tenemos perspectivas políticas, compromisos políticos. Vivimos en la Polis. Es por eso que se escribieron poemas contra la dictadura de Somoza. Y durante los años 80 la poesía estuvo al servicio de la Revolución , cuando sí existía censura y crímenes culturales, pues se pretendía que todos los poetas escribieran acerca de lo mismo y con el mismo método. Las mujeres han escrito poemas que reivindican sus luchas, los negros y los homosexuales. Todo eso es la literatura al servicio de la política. La literatura como instrumento de conciencia social.
Pero no todo lo político es literario. Vemos por ejemplo, una burda polémica cuyo objetivo principal es económico y donde el episodio principal coincide con el lanzamiento de un libro, en el que ciertos escritores ya seniles y desesperados por un poco de oxigeno se apresuran a condenar una valoración estrictamente literaria que hicimos conociendo las implicancias políticas que tendría, porque como todos sabemos si se toca la mierda, la mierda hiede. Y que aprovecharían este incidente con una difamación infinita hacia las instancias de gobierno, para atacar el trabajo que estamos haciendo por devolverle la cultura al pueblo. Pero uno termina convirtiéndose en aquello que condena, y con toda certeza puedo decir, que ellos son la dictadura, la dictadura cultural de este país, respaldados por la dictadura mediática que no deja escapar el mínimo incidente para atacar los proyectos sociales del gobierno.
Finalmente, es triste que los poetas y escritores vivan de polémicas para vender. Han irrespetado la memoria del poeta, usándolo con fines políticos y económicos. El escritor Sergio Ramírez tiene el suficiente poder para que se recupere el proyecto de publicación de CMR en España, si es que alguna vez hubo la intención de hacer el proyecto y si él respeta nuestra decisión de darle oportunidad a otro escritor. Aquí no tenemos miedo. Eso es algo del pasado en Nicaragua. Yo no le tengo miedo a Sergio Ramírez, ni a Ernesto Cardenal ni a Gioconda Belli. Ellos son la dictadura cultural de Nicaragua, que no le deja espacios al resto de escritores y poetas del país. Pero para eso el pueblo está en el poder y el pueblo manda, ¡ LA CULTURA ES DEL PUEBLO!
Managua, diciembre 2008
Palacio Nacional de la Cultura
Sólo Dios ve el panorama completo de las cosas que suceden. A inicios de este año se comunicó con el Instituto Nicaragüense de Cultura, la Señora Teresa Chicharro de Editorial Santillana del Diario El País, con el propósito de solicitar apoyo en la búsqueda de los herederos de los derechos de la obra del poeta CMR y se nos informó del proyecto de inclusión de la obra de CMR en una colección de poesía de grandes autores hispanoamericanos que sería editada para salir a la venta en forma de bolsillo acompañando al diario El País, en toda España. Nos pareció un proyecto muy importante de difusión de un autor nicaragüense, a pesar de que por 15 mil ejemplares, ellos ganarían 90 mil euros y de esa cantidad sólo nos aportarían 3 600 en concepto de derechos de autor al Instituto Nicaragüense de Cultura, quien tiene los derechos de autor de la obra del poeta, cedidos por la familia del poeta al INC durante la gestión del Sr. Napoleón Chow.
Sin embargo, dada la magnitud de difusión de la obra del poeta que se haría en toda España y debido a que no vendrían nada mal 3600 euros, por la falta de recursos que padecemos en el INC, y cuyo dinero utilizaríamos para restaurar la tumba del poeta CMR que se encuentra en completo abandono en el cementerio de Granada, pues nos propusimos colaborar cediendo los derechos para esta edición. Sin embargo, siempre nos cuidamos de que en el contrato quedara reflejado que teníamos la última palabra en cuanto a cuidar y velar por el respeto de la integridad de la obra de CMR y de la memoria del poeta.
No se puede perder lo que nunca se ha tenido. La disposición de cancelar la supuesta publicación de la obra de CMR en España vino del Gerente de Recursos del Diario El País, Julio Alonso Peña, y no del Instituto Nicaragüense de Cultura. Esta decisión fue ante nuestra propuesta y sugerencia de que fuera otro autor, no quien ellos pretendían imponernos, quien hiciera el prólogo, o de retomar la idea original de que fuera un autor español. Para eso sugerimos al poeta español Luís Antonio de Villena, quien conoció al poeta CMR y cuenta del impacto que tuvo en una generación de autores españoles, la estancia de Carlos Martínez Rivas por España.
Originalmente se nos informó que sería un autor español quien haría el prólogo y presentación del poeta nicaragüense al público español. Lo que nos pareció lógico, que un poeta hiciera el prólogo y presentación de otro poeta. Pero luego guardaron silencio, ahora sabemos que era para urdir su estrategia. Cuando retomamos la comunicación, ya ellos habían cambiado todo el proyecto y venían imponiendo al escritor y político, ex vicepresidente de Nicaragua en los años 80, Sergio Ramírez, como prologuista del libro. Se nos quiso imponer la lectura del infame texto. Nosotros reconocemos a Sergio Ramírez como un gran novelista y así se lo expresamos a nuestros interlocutores de Editorial Santillana, a la Sra. Teresa Chicharro, y nunca dudé de la calidad del texto, a pesar de no haberlo leído pues reconozco la calidad literaria del Sr. Sergio Ramírez, pero no era un poeta y preferíamos que fuera un poeta y en especial un poeta conocedor de la obra de CMR quien hiciera el prólogo y la presentación, y por supuesto que a quien propusimos fue al poeta Pablo Centeno, quien ha dedicado su vida a la obra del poeta CMR como todos sabemos.
Todo esto contraviniendo la voluntad expresa del poeta Martínez Rivas, quien pidió que lo olvidáramos, cuando antes de morir se le preguntó cómo quería ser recordado. Y así ha sido en estos años, su tumba está en completo abandono, la placa que puso la UNAN con su nombre ya se borró, y yo tengo meses de andar con un proyecto de realizar un monumento donde se distinga su nombre y la población sepa dónde está enterrado el gran poeta. Pero nadie me ha hecho caso, y es hoy que manosean la memoria del poeta, sin saber en qué estado se encuentra su tumba.
En Nicaragua, la mayoría de novelistas se hacen novelistas porque no logran ser buenos poetas. En el caso del novelista Sergio Ramírez sabemos que es así, primero intentó ser poeta. Luego cuentista y después político. Fracasó como político y se hizo novelista, y fue ahí que tuvo mucho éxito. Pero vemos que ahora hace una mezcla de literatura y política. Entonces fuimos testigos de la trama de un gran novelista y del imperio económico de los vendedores de libros. Muestra de eso es que se ha convertido en un personaje de su propia imaginación, un perseguido político, que sueña con que se prohíban sus libros y hasta llega a compararse con el pueblo judío, el pueblo de Dios. Cuánto sacrilegio con la memoria de nuestros muertos.
Sabemos que esta persona es un gran novelista, uno de nuestros mejores novelistas, prueba de eso es esta trama muy bien armada cuyo escándalo coincide precisamente con la Feria Internacional del Libro en Guadalajara cuando estaban reunidos un club de escritores de la tercera edad, ya seniles y que resienten que el tren del progreso ya no les haya alcanzado. Quienes no han permitido que una nueva generación de escritores logre acceder a contratos editoriales y promoción de sus obras y premios. Esta generación del boom tiene ocupados aún todos los espacios, aunque ya han pasado muchas generaciones de autores que han dejado atrás esa literatura que nos presenta como artesanías exóticas de exportación al primer mundo.
Nunca hubo la intención de publicar a CMR, sí hubo la intención de armar una polémica internacional que relanzara como víctima de una dictadura represiva al escritor que fue vicepresidente cuando en Nicaragua sí existió represión. Cuando yo pude haber muerto como murieron nuestros hermanos en la montaña y a quienes no veremos más. Como tuvieron que irse todos nuestros hermanos y primos huyendo de nuestro país. Él es responsable de esa dictadura. Junto a Ernesto Cardenal y Gioconda Belli, ellos fueron los ideólogos principales de esa época.
Otro objetivo claro de esta burda polémica que han aprovechado los enemigos verdaderos de la cultura, porque no han hecho nada ni por los jóvenes ni por los artistas, es atacar y desprestigiar todo lo que estamos haciendo en materia de cultura, lo que hacemos con mucho esfuerzo y sin recursos. Sólo con la voluntad y el amor de quienes nos apoyan. Es por eso que hemos hecho en dos años mucho más de lo que se hizo en materia cultural en 16 años de abandono de la cultura y donde se volvió la cultura un artículo de lujo, estamos tratando de recuperar la cultura para devolvérsela al pueblo.
Todo lo literario es político. No hay vuelta de hoja. Todo lo literario es político. Pero no todo lo político es literario. Lo primero porque todo lo que escribimos, lo escribimos en sociedad, es decir, porque vivimos en comunidad. En la ciudad. Donde nos realizamos como seres sociales con derechos y ciudadanía. Porque quienes escribimos tenemos perspectivas políticas, compromisos políticos. Vivimos en la Polis. Es por eso que se escribieron poemas contra la dictadura de Somoza. Y durante los años 80 la poesía estuvo al servicio de la Revolución , cuando sí existía censura y crímenes culturales, pues se pretendía que todos los poetas escribieran acerca de lo mismo y con el mismo método. Las mujeres han escrito poemas que reivindican sus luchas, los negros y los homosexuales. Todo eso es la literatura al servicio de la política. La literatura como instrumento de conciencia social.
Pero no todo lo político es literario. Vemos por ejemplo, una burda polémica cuyo objetivo principal es económico y donde el episodio principal coincide con el lanzamiento de un libro, en el que ciertos escritores ya seniles y desesperados por un poco de oxigeno se apresuran a condenar una valoración estrictamente literaria que hicimos conociendo las implicancias políticas que tendría, porque como todos sabemos si se toca la mierda, la mierda hiede. Y que aprovecharían este incidente con una difamación infinita hacia las instancias de gobierno, para atacar el trabajo que estamos haciendo por devolverle la cultura al pueblo. Pero uno termina convirtiéndose en aquello que condena, y con toda certeza puedo decir, que ellos son la dictadura, la dictadura cultural de este país, respaldados por la dictadura mediática que no deja escapar el mínimo incidente para atacar los proyectos sociales del gobierno.
Finalmente, es triste que los poetas y escritores vivan de polémicas para vender. Han irrespetado la memoria del poeta, usándolo con fines políticos y económicos. El escritor Sergio Ramírez tiene el suficiente poder para que se recupere el proyecto de publicación de CMR en España, si es que alguna vez hubo la intención de hacer el proyecto y si él respeta nuestra decisión de darle oportunidad a otro escritor. Aquí no tenemos miedo. Eso es algo del pasado en Nicaragua. Yo no le tengo miedo a Sergio Ramírez, ni a Ernesto Cardenal ni a Gioconda Belli. Ellos son la dictadura cultural de Nicaragua, que no le deja espacios al resto de escritores y poetas del país. Pero para eso el pueblo está en el poder y el pueblo manda, ¡ LA CULTURA ES DEL PUEBLO!
Managua, diciembre 2008
Palacio Nacional de la Cultura
jueves 4 de diciembre de 2008
Sueños de Violencia
La ficción supera la realidad
No soy el único ni el primero ni el último poeta o escritor que se consagra y crece o se condena y se le estigmatiza a causa de lo que escribe o dice. Saber esa realidad inherente al oficio permite trascender. Escribir es siempre un riesgo.
A muchos poetas y escritores nos gusta tomar partido. En cierta manera el oficio es algo así, supone tomar partido, parcializarse, decidirse por una visión y no otra, una perspectiva de la vida y no otra, porque existen perspectivas como seres humanos en el mundo y por eso ninguna será similar a la otra. Pero cuando asumimos el papel de manipulador de la opinión pública y la voluntad de los pueblos y las personas, y a situaciones o circunstancias que son de carácter personal, las manejamos y las magnificamos al punto de elevarlas a asuntos de la vida nacional de nuestro país, se vuelve realmente vergonzoso el oficio.
Hay escritores y poetas a los que nos gusta hacer el papel de parte aguas, dividir y polarizar los ánimos para atraer hacia nuestra postura e intereses a un determinado grupo de poetas o escritores, y también lectores. Hasta recomendamos por quién votar. Nos gusta adoptar ese papel de líder de opinión, siempre en “supuesta” oposición, definiendo el sentir o auto arrogándonos ser la voz de la mayoría. Y claro que a muchos les gusta ir detrás. Hasta se vuelve una moda.
La realidad es que muchos de los conflictos o controversias que existen actualmente, ya existían mucho antes que naciéramos algunos de los que nos abanderamos de esas disputas. Muchos de esos conflictos llevados a lo político y lo público, y que nos gusta llamar de forma literaria Persecución política, están más cercanos a pleitos entre viejos vecinos que a discusiones literarias o filosóficas. Muchas veces también se resuelven de manera doméstica y política.
Lo cierto es que la lección más importante al respecto nos la dio el poeta Carlos Martínez Rivas, durante los años 80, cuando muchas de las discusiones y rivalidades de hoy ya existían, en otro contexto y otro tiempo, pero casi con los mismos protagonistas, aunque algunos de ellos se encontraban en el bando que hoy atacan; pero Carlos permaneció concentrado en su quehacer poético y artístico. Nunca perdió su sentido crítico. Dedicado a su vasta obra. Mientras otros, “los otros dos”, dividían a los poetas y escritores entre los “exterioristas” o poetas de los talleres o prorevolución y los “interioristas” o “poetas del exilio” para los disidentes o burgueses. Oponían dos estéticas que en el fondo no eran más que dos visiones políticas.
Entonces las cosas no son como suceden, sino como se narran. En ese sentido, escribir también es injuriar. Pero también se cuenta para olvidar, se escribe para concluir algo, archivarlo, terminar, dejar constancia del paso del tiempo por el espacio. La ficción supera a la realidad. Porque la realidad es efímera mientras la ficción es eterna en cuanto se escribe y se registra.
Contra la Neohippie way of life
Es fácil condenar la violencia. Colocarse en una postura neohipie way of life, de peace and love en el mundo, que opone la no violencia a los métodos de protesta tradicionales: la bala, el mortero y el garrote. Difícil es explicarla. Explicarla no la justifica. Nada justifica la violencia, una explicación sólo pretende acercarnos a una comprensión del fenómeno.
Se dice que la violencia es propia de los animales, pero en realidad en todo hay violencia. Las fuerzas de la naturaleza están cargadas de mucha violencia: en los huracanes y maremotos; en la erupción de los volcanes; en la forma en que sobreviven las especies animales y algunos vegetales. Esta violencia de la naturaleza es a veces una reacción a la acción agresiva e irresponsable del ser humano sobre el medio ambiente.
Antiguamente, y aún hoy, se creía que Dios reestablecía el orden en la tierra a través de la violencia y la muerte. Es así que para llegar a niveles de paz y tranquilidad, el pueblo de Dios tenía que atravesar plagas, desgracias y guerras que Dios enviaba como pruebas a su pueblo. Las páginas de la Biblia , el libro de Dios, chorrean sangre. Sobre todo las páginas del antiguo testamento, con la famosa ley del “Ojo por ojo y diente por diente”, dan cuenta de hechos violentos en los que muchas veces es la ira de Dios la que interviene para restablecer el orden sobre la tierra. Por eso se dice que parecen tiempos bíblicos los que estamos viviendo.
A través de todos los medios de comunicación, en días recientes fuimos servidos de muchas imágenes de violencia, hechos violentos de los que constantemente somos testigos. La violencia y la vida política partidaria han invadido hasta nuestro subconsciente. La vida política abarca todas las esferas de nuestra vida, y es tan absorbente que logra penetrar incluso en nuestros sueños más profundos. Cuando nos despertamos por la mañana, las noticias en el periódico otra vez dan cuenta de hechos de sangre y malas noticias, imágenes de dolor y de sangre en la televisión. Sumado a esto un grupo de personas insiste en propagar un sentimiento de pérdida generalizado entre la población. Porque tristemente en nuestro país existen nicaragüenses que no aman a Nicaragua ni a sus compatriotas y al contrario no quisieran verles por andrajosos y pobres. Por eso sueñan con la violencia, con una intervención norteamericana que ponga como Dios un orden sobre Nicaragua, sueñan con hombres altos y rubios con cascos azules tomándose las calles de Managua.
Esos mismos condenan la violencia como propia de ignorantes, pandilleros y miserables. Y suelen callar otras formas de violencia mucho más atroces, por lo imperceptible de sus mecanismos. La pobreza extrema es la manifestación de la violencia estructural y de las políticas del neoliberalismo económico y social. Que dejan sin estudiar a los jóvenes y sin empleo a la mayoría de la población, o condenada a empleos de esclavitud, miseria y hambre.
Negar la violencia es negar la naturaleza del ser humano. La violencia es parte de un proceso natural en la vida. La violencia tiene diferentes motivaciones, pero sólo un objetivo: hacer desaparecer aquello que nos amenaza, muchas veces también tiene que ver con aquello que odiamos de nosotros mismos. La violencia la produce el miedo. El miedo a volver a vivir bajo la exclusión y la pobreza extrema, el miedo a ver tanto niño y niña en la calle sin futuro. El miedo de no tener nada que darles de comer a nuestros hijos. La incertidumbre del mañana. La falta de solidaridad, el abandono en los hospitales públicos y la privatización y comercialización de la educación, la salud y la vida.
Condenar la violencia es un acto moral, aquello que divide y simplifica la complejidad de la vida entre el bien y el mal. Asumir posturas que se oponen a la violencia, como Gandhi o el Dalai Lama, es desconocer la naturaleza de las fuerzas de la vida. Y someter irresponsablemente a su pueblo a la violencia infinita del ser humano.
Managua, Diciembre 2008
No soy el único ni el primero ni el último poeta o escritor que se consagra y crece o se condena y se le estigmatiza a causa de lo que escribe o dice. Saber esa realidad inherente al oficio permite trascender. Escribir es siempre un riesgo.
A muchos poetas y escritores nos gusta tomar partido. En cierta manera el oficio es algo así, supone tomar partido, parcializarse, decidirse por una visión y no otra, una perspectiva de la vida y no otra, porque existen perspectivas como seres humanos en el mundo y por eso ninguna será similar a la otra. Pero cuando asumimos el papel de manipulador de la opinión pública y la voluntad de los pueblos y las personas, y a situaciones o circunstancias que son de carácter personal, las manejamos y las magnificamos al punto de elevarlas a asuntos de la vida nacional de nuestro país, se vuelve realmente vergonzoso el oficio.
Hay escritores y poetas a los que nos gusta hacer el papel de parte aguas, dividir y polarizar los ánimos para atraer hacia nuestra postura e intereses a un determinado grupo de poetas o escritores, y también lectores. Hasta recomendamos por quién votar. Nos gusta adoptar ese papel de líder de opinión, siempre en “supuesta” oposición, definiendo el sentir o auto arrogándonos ser la voz de la mayoría. Y claro que a muchos les gusta ir detrás. Hasta se vuelve una moda.
La realidad es que muchos de los conflictos o controversias que existen actualmente, ya existían mucho antes que naciéramos algunos de los que nos abanderamos de esas disputas. Muchos de esos conflictos llevados a lo político y lo público, y que nos gusta llamar de forma literaria Persecución política, están más cercanos a pleitos entre viejos vecinos que a discusiones literarias o filosóficas. Muchas veces también se resuelven de manera doméstica y política.
Lo cierto es que la lección más importante al respecto nos la dio el poeta Carlos Martínez Rivas, durante los años 80, cuando muchas de las discusiones y rivalidades de hoy ya existían, en otro contexto y otro tiempo, pero casi con los mismos protagonistas, aunque algunos de ellos se encontraban en el bando que hoy atacan; pero Carlos permaneció concentrado en su quehacer poético y artístico. Nunca perdió su sentido crítico. Dedicado a su vasta obra. Mientras otros, “los otros dos”, dividían a los poetas y escritores entre los “exterioristas” o poetas de los talleres o prorevolución y los “interioristas” o “poetas del exilio” para los disidentes o burgueses. Oponían dos estéticas que en el fondo no eran más que dos visiones políticas.
Entonces las cosas no son como suceden, sino como se narran. En ese sentido, escribir también es injuriar. Pero también se cuenta para olvidar, se escribe para concluir algo, archivarlo, terminar, dejar constancia del paso del tiempo por el espacio. La ficción supera a la realidad. Porque la realidad es efímera mientras la ficción es eterna en cuanto se escribe y se registra.
Contra la Neohippie way of life
Es fácil condenar la violencia. Colocarse en una postura neohipie way of life, de peace and love en el mundo, que opone la no violencia a los métodos de protesta tradicionales: la bala, el mortero y el garrote. Difícil es explicarla. Explicarla no la justifica. Nada justifica la violencia, una explicación sólo pretende acercarnos a una comprensión del fenómeno.
Se dice que la violencia es propia de los animales, pero en realidad en todo hay violencia. Las fuerzas de la naturaleza están cargadas de mucha violencia: en los huracanes y maremotos; en la erupción de los volcanes; en la forma en que sobreviven las especies animales y algunos vegetales. Esta violencia de la naturaleza es a veces una reacción a la acción agresiva e irresponsable del ser humano sobre el medio ambiente.
Antiguamente, y aún hoy, se creía que Dios reestablecía el orden en la tierra a través de la violencia y la muerte. Es así que para llegar a niveles de paz y tranquilidad, el pueblo de Dios tenía que atravesar plagas, desgracias y guerras que Dios enviaba como pruebas a su pueblo. Las páginas de la Biblia , el libro de Dios, chorrean sangre. Sobre todo las páginas del antiguo testamento, con la famosa ley del “Ojo por ojo y diente por diente”, dan cuenta de hechos violentos en los que muchas veces es la ira de Dios la que interviene para restablecer el orden sobre la tierra. Por eso se dice que parecen tiempos bíblicos los que estamos viviendo.
A través de todos los medios de comunicación, en días recientes fuimos servidos de muchas imágenes de violencia, hechos violentos de los que constantemente somos testigos. La violencia y la vida política partidaria han invadido hasta nuestro subconsciente. La vida política abarca todas las esferas de nuestra vida, y es tan absorbente que logra penetrar incluso en nuestros sueños más profundos. Cuando nos despertamos por la mañana, las noticias en el periódico otra vez dan cuenta de hechos de sangre y malas noticias, imágenes de dolor y de sangre en la televisión. Sumado a esto un grupo de personas insiste en propagar un sentimiento de pérdida generalizado entre la población. Porque tristemente en nuestro país existen nicaragüenses que no aman a Nicaragua ni a sus compatriotas y al contrario no quisieran verles por andrajosos y pobres. Por eso sueñan con la violencia, con una intervención norteamericana que ponga como Dios un orden sobre Nicaragua, sueñan con hombres altos y rubios con cascos azules tomándose las calles de Managua.
Esos mismos condenan la violencia como propia de ignorantes, pandilleros y miserables. Y suelen callar otras formas de violencia mucho más atroces, por lo imperceptible de sus mecanismos. La pobreza extrema es la manifestación de la violencia estructural y de las políticas del neoliberalismo económico y social. Que dejan sin estudiar a los jóvenes y sin empleo a la mayoría de la población, o condenada a empleos de esclavitud, miseria y hambre.
Negar la violencia es negar la naturaleza del ser humano. La violencia es parte de un proceso natural en la vida. La violencia tiene diferentes motivaciones, pero sólo un objetivo: hacer desaparecer aquello que nos amenaza, muchas veces también tiene que ver con aquello que odiamos de nosotros mismos. La violencia la produce el miedo. El miedo a volver a vivir bajo la exclusión y la pobreza extrema, el miedo a ver tanto niño y niña en la calle sin futuro. El miedo de no tener nada que darles de comer a nuestros hijos. La incertidumbre del mañana. La falta de solidaridad, el abandono en los hospitales públicos y la privatización y comercialización de la educación, la salud y la vida.
Condenar la violencia es un acto moral, aquello que divide y simplifica la complejidad de la vida entre el bien y el mal. Asumir posturas que se oponen a la violencia, como Gandhi o el Dalai Lama, es desconocer la naturaleza de las fuerzas de la vida. Y someter irresponsablemente a su pueblo a la violencia infinita del ser humano.
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